Osvaldo Olivera

A medida que avanzaba en la lectura de 100 años de Soledad, Macondo, la mítica ciudad inventada por García Márquez se parecía más a mi ciudad, si lo se, Macondo se parece a cualquier ciudad entre Tijuana y Ushuaia, pero Asunción es como Macondo, todo aquí es en extremo. El calor quema hasta el cielo en enero, las lluvias caen como cataratas en otoño, 5 minutos después vuelve a hacer el mismo calor de enero. Aquí las dictaduras duran 30 años, los partidos políticos duran 60 años en el gobierno, las guerras terminan en genocidios, la pobreza es tanta que no puede describirse y la riqueza de unos pocos… idem.

Roa Bastos, definía a Paraguay como una “isla rodeada de tierra”, pienso es una definición acertada para Paraguay, nosotros, para llegar al mar, al igual que los Buendía de 100 años de Soledad, debemos recorrer más de 1000 kilómetros, armados de la misma paciencia que un monje tibetano para soportar el abuso de autoridad de la policía rodoviaria de Brasil y a los gendarmes argentinos.
Decidí estudiar diseño gráfico, profesión que mi padre aún no sabe qué es, estudié diseño cuando en Paraguay nadie hablaba de diseño, en la universidad dábamos clase en aulas de Ciencias Contables, aprendí a usar Aldus Page Maker en una Macintosh donde hacer una caja de texto representaba más de un minuto de espera.

Entré a trabajar en el diario ABC Color, cuando las páginas se componían a mano, luego llegaron las computadoras componedoras, unos inmensos armatostes de la Harris que en poco menos de un año fueron reemplazadas por computadoras personales, aprendí el oficio del diseño editorial en ese diario, aprendí a calcular los golpes, la extensión de los textos, las columnas, epígrafes y casi todo los trucos editoriales que sigo utilizando ahora con el InDesign.

Descubrí el mundo estando en otro medio: Ultima Hora, cuando en 1995 se inauguró el servicio Internet de ese diario, recuerdo a toda la redacción: periodistas, fotógrafos y diseñadores, presentes en torno al ingeniero de sistemas que, luego de un discurso del Director del diario, nos mostró por primera vez un sitio web… fue lo más parecido a un milagro que vi en ese entonces, me quedaba fuera de hora para usar una de las tres máquinas en todo el diario que tenían conexión a Internet, me pasaba largas horas, mirando los sitios de los diarios de Estados Unidos, de Europa, de casi todos los países latinoamericanos, imprimía los sitios e iba a dibujar con un lápiz sobre el impreso para ver que retícula utilizaban, unos años después, el director del diario me eligió para que vaya a Guadalajara para hacer un curso sobre “Nuevas tecnologías”.  -Llamale a Olivera, es el único que puede sacarle provecho a esto. Fueron –según me explicó el Jefe de Redacción– las palabras del todopoderoso. Aunque suene peyorativo eso es lo que era, en “su” periódico no existía la democracia, era absolutismo puro, gritaba «L’État, c’est moi» sin rubor.

Cansado de ser un cortesano de segunda línea en ese reino, decidí junto a mi esposa, abrir nuestro propio estudio de diseño, empezaba el siglo XXI cuando, con el orgullo de criatura que mete gol, inauguraba A4 Diseños, ahora nuestro estudio tiene 9 años y estimo que nos ha ido bien, hemos convertido nuestro estudio en una editorial, lo que supone que co-editamos unos 10 libros por año. Me especialicé en el diseño de envases y etiquetas, gracias a un concurso de la oficina local de la TETRA PAK, viajé para perfeccionarme en el diseño de envases TETRA en Sao Paulo.

La Universidad Católica, me dio la oportunidad de enseñar, al principio dude, pues no me seducía ser docente, al igual que muchos colegas, pensaba que la universidad no es compatible con la creatividad, ahora, soy profesor desde hace más de una década y he perfeccionado una segunda profesión, la de docente. He terminado mi Maestría en Didáctica, hice innumerables cursos de curriculum, evaluación, planeamiento, programación y actualmente estoy cursando el doctorado en Educación.

En el año 2003, junto a un grupo de estudiantes decidimos crear un colectivo: Diseño Rendá. Con este colectivo dí rienda suelta al campo del diseño que me gusta: el diseño de alcance social. Hemos realizado Congresos, seminarios, talleres, viajes, retiros, campamentos, fiestas. Con Diseño Rendá germinó la semilla de la investigación, en la actualidad estoy cerrando mi trabajo sobre Historia del Diseño en Paraguay, proyecto con el cual descubrí mi verdadero país. Descubrí la belleza de los petróglifos del Tapeavirú(tierra sin mal) grabados que hacen un onírico camino de los guaraníes desde el Potosí hasta la actual isla de Santa Catarina en Brasil, descubrí las tipografías misioneras, los periódicos de trinchera durante la guerra de la Triple Alianza, los impresos coloniales, aprendí a valorar el trabajo de estos profesionales de manera tal, que en la actualidad no puedo, ni me atrevo a decir que mi trabajo como diseñador es mínimamente comparable con lo que se hacían en Paraguay durante las Reducciones Misioneras o lo que hacían los tipógrafos y grabadores durante una guerra que redujo la población paraguaya de 600.000 a 90.000 personas, en 5 años. Descubrí también la fascinación de la antropología, visite a varias comunidades indígenas, compartiendo con ellos sus trabajos de creación de tintas, aprendiendo a entender sus tracerías geométricas o zoomórficas.

Me apasiona la tipografía, pero aún no he podido desarrollar una familia propia, desde el 2006 me dispuse a hacerla, hice una compilación de todas las capitulares del periódico Cabichui (1865/1867) y en el 2008 mostré durante la Bienal Latinoamericana de Diseño, en la sede de Asunción, una proto-tipografía, prometo ante propios y extraños terminarla durante el 2009.

Finalmente, durante todo el 2007 y el 2008 me desempeñé como Director de la carrera de Diseño en la Universidad Americana, no me pregunten en que tiempo, pues hasta ahora no lo sé, pero lo hice y estimo lo hice bien, pues aunque dejé de ser el director de carrera en diciembre de 2008, voy a seguir trabajando para la carrera y la universidad en otros proyectos.

Así soy yo, así es mi diseño. No concibo un diseño sibarita, no me gusta el diseño de etiqueta, de corsé, guante y charol. Prefiero el diseño visceral, como sostenía Benedetti “que comprometa mi pensar”.