Zalma Jalluf

Fotografía de Rubén Fontana

Buenos Aires, 1967

PDF tpG 63. Artículo. 2004

 

Las palabras y las cosas

“Una de las cosas interesantes del diseño, es que corre todo el tiempo su frontera y redefine constantemente sus implicancias. Cada vez que aprendiste un mecanismo, de alguna manera, hay que empezar de nuevo.”

Zalma Jalluf es una reconocida diseñadora gráfica argentina y quizás eso defina una parte de ella. Su trabajo profesional es vasto y diverso. Durante más de diez años fue editorialista de la revista argentina tipográfica, especializada en diseño y tipografía. En la actualidad dirige junto a Rubén Fontana[1] el estudio FontanaDiseño, integrado por un equipo de profesionales especializados en las distintas áreas de la identidad corporativa e institucional.

Pero lo que construye su identidad definitivamente está atravesado por un elemento que tiene mucho que ver con el diseño pero que lo supera; y es el lenguaje. Su modo sutil e inteligente de utilizar las palabras, su calidad y calidez al escribir pero también al decir, producen la necesidad de que su biografía sea una transcripción casi literal de una entrevista que gentilmente respondió en octubre de 2014.

Nacida en la Cruz Roja de Caseros, provincia de Buenos Aires, en noviembre de 1967, Zalma pertenece a una familia de inmigrantes sirio-libaneses “Crecí en el seno de una familia grande, ruidosa y generosa, que originaron cuatro abuelos inmigrantes. Habían llegado, como todos, huyendo de alguna persecución, y se instalaron un poco en la ciudad, un poco en el campo. Siempre admiré su fortaleza frente al destierro, la forma en que se abrazaron al nuevo país, al que siempre llamaron patria, la manera en que siguieron amando el suyo, a la distancia, sin volver atrás. Así, las historias de abuelos y padres que confluyeron en mi infancia, mezclaban continuamente esos dos mundos: un pueblo del interior de Buenos Aires, Lincoln, y el Oriente, Siria. Identitariamente esos mundos se siguen mezclando con los de mi tiempo y lugar.”

Al finalizar la escuela secundaria, decide estudiar diseño gráfico, en el contexto del surgimiento de esta carrera en la Universidad de Buenos Aires (en adelante UBA): “Tenía cierta inclinación por las bellas artes. No tanto por su perfil autoexpresivo sino por lo poético de su mensaje, lo simbólico, lo estético implícito. También me interesaban el lenguaje y la literatura, porque siempre me interesaron las palabras en todas sus dimensiones. Ya hacia el final de la escuela, desde arquitectura hasta filosofía y letras, todo me parecía motivante, y me crucé con la noticia de la creación de la carrera de diseño casi sobre la fecha de mi inscripción al curso de ingreso de la UBA. Me gustó aun sin saber del todo su para qué, definitivamente fue intuitiva la elección.”

Sin embargo, mucho después descubrió que la palabra diseño la acompañaba desde que nació. En efecto, su padre diseñaba carrocerías para camionetas de distintas marcas, como Peugeot, Ford o Chevrolet, y también las fabricaba. Era un auténtico artesano-diseñador, plenamente autodidacta, muy trabajador. Un verdadero hacedor que organizó su emprendimiento trabajando en todas las instancias de su pequeña producción, desde el dibujo hasta el producto terminado. La chapita impresa que pegaba a cada una de sus carrocerías decía: “Carrocerías Jalluf. Diseño de cúpulas, furgones y carrozados.” Zalma todavía conserva, o más bien atesora, muestras de esa chapita.

Entre sus recuerdos memorables como estudiante de diseño Zalma evoca  particularmente la clase de Rubén Fontana cuando fue en calidad de invitado a la materia diseño de la que era alumna. Tipografía no existía todavía como materia regular, pero cuando finalmente cursó el seminario que daría lugar a la materia, en el año 1988, se modificó plenamente su concepción general del diseño, e incluso de lo que había aprendido tiempo atrás. “Los casi diez años en la cátedra Fontana, como alumna primero y docente después, fueron para mí una segunda carrera en sí misma, una instancia de aprendizaje increíble y formidable. Una de esas circunstancias paradigmáticas donde todo es inaugural y hay que formar a la vez, a docentes y alumnos.”

Como docente en la carrera de diseño gráfico de la UBA, tuvo la posibilidad de moldear los planes de estudio de la materia tipografía 3, materia en la que eligió ser docente, en la cátedra Fontana, y también de dar clases de la materia diseño en diversas universidades. Asimismo ha participado de manera irregular en el dictado de materias en algunas maestrías.

“La docencia genera vínculos, contratos, sentidos, descubrimientos, que no se encuentran disponibles en otros ejercicios. La docencia te enseña cosas para todos los ámbitos y para toda la vida y, a la vez, lo exige todo, del cuerpo y del alma. Implica una dosis extraordinaria de energía que hay que tener para poder dar, no es una actividad que se pueda ejercer simplemente de oficio, ni una tarea estrictamente académica: exige generosidad, humanismo, el don de ser maestro. Uno tiene un recuerdo particular, afectivo, de aquellos que verdaderamente te enseñaron cosas, te hicieron buenas preguntas, te motivaron a aprender algo. Por eso, solo el alumno puede definir o nombrar como tal al maestro.”

Con esa intensidad Zalma recuerda a su maestra de literatura de la escuela secundaria, que encendió en ella una particular pasión por la lectura de los clásicos, y que, de otra manera, muchos años después revivió con Juan Andralis[2]. “Juan me habló de la tipografía a partir de su particular amor por la literatura, maestro en fin, aprovechaba cualquier circunstancia para orientarme en materia de lecturas y motivarme en la escritura.”

Su inserción al campo laboral, según su propio relato, fue sumamente gradual y a la vez muy lineal. “Ya en la facultad hice trabajos freelance, básicamente de armado y dibujo de originales, para una profesora de morfología que admiraba mi prolijidad manual. Yo no sabía de dónde había sacado esa cualidad, porque exceptuando los tres años de caligrafía de la escuela comercial, no tenía un particular entrenamiento. De hecho no creo conservar tal habilidad.”

El primer estudio en el que trabajó, durante varios meses, fue el que su amiga Irene Garcia Ferré había formado con un socio. Al finalizar la carrera, Carlos Venancio[3], entonces compañero de facultad, la contactó para sumarse a un proyecto que coordinaba para la ADG (Asociación de Diseñadores Gráficos). Después de participar de ese proyecto se quedó trabajando en el estudio que Venancio tenía en sociedad con Bibiana Pulido. “Fue una época interesante porque trabajaba sola muchas horas al día, sin recursos a mano, sin material de consulta, teniendo que resolver integralmente cada solicitud. Carlos trabajaba para el estudio de Rubén Fontana, del que después se asociaría. Finalmente un día me integré al equipo de Fontanadiseño: de pronto éramos muchos, y al principio me costó un poco asimilar ese aspecto e integrarme. Han pasado casi veinticinco años, y desde entonces seguimos trabajando mano a mano con Rubén. El trabajo individual, solitario, fue cediendo lugar al de coordinar equipos. Cuando finalmente me asocié a Rubén en la dirección del estudio, hace ya algunos años, teníamos con muchos años de experiencia común, un gran entendimiento y mutuo respeto.”

A lo largo de su trayectoria profesional Jalluf y Fontana han trabajado en asociación con importantes colegas, como Pentagram de Nueva York y América Sanchez de Barcelona. Han coordinado su disciplina con el trabajo de consultoras como Gallup, MacKinsey, I+C Consultores (Norberto Chaves), Grupo CCR, GfK Kleyman Sygnos, Moiguer y Eliseo Verón&asociados.

Su filosofía de trabajo es un interesante testimonio de rigor y ética profesional: “Creo en hacer las cosas de la mejor manera posible, con responsabilidad y ética, con inteligencia y esfuerzo. Sin mezquindad y sin ventajismo, sin aprovecharte de tus fortalezas ni de tus debilidades: entre pares, en reciprocidad.

También en poder elegir cada vez, frente a cada circunstancia, y en hacerse cargo de las elecciones o de las circunstancias que te han tocado. Y en el compañerismo, que es lo que te permite recorrer cada etapa en confianza, permitiendo a la vez que otros hagan sus propios recorridos. Creo en el trabajo en equipo porque es un mecanismo que elimina vicios y divismos personales y brinda contención, confianza. Es fundamental formar equipos con roles, saberes y habilidades diversas, pero con responsabilidades y dedicación similares: entre pares.”

Como sospechaba, su mirada sobre los prejuicios de género también es sutil: “Me di cuenta, especialmente en los ámbitos profesionales, que la cultura machista se expande más allá del género masculino, que todo el mundo está expuesto a algún tipo de prejuicio, y los de género no son los únicos, que hay prejuicios por religión, nivel de educación, principios o cultura, oficio, y hasta por el barrio en el que vivís.”

Hoy se la puede encontrar a Zalma (o Mita para los amigos) trabajando en su mesa del estudio Fontanadiseño, situado en el conjunto de viviendas Barrio Parque Los Andes, uno de los edificios más bellos de la Ciudad de Buenos Aires. Seguramente generando las palabras y las cosas que tanto la identifican.
 
Griselda Flesler, Buenos Aires, noviembre 2014

 


[1] Diseñador gráfico, profesor titular de la materia Tipografía en la Universidad de Buenos Aires.

[2] Juan Andralis, fue un impresor, diseñador, poeta y formador. Z. Jalluf escribió un entrañable relato que resume muy nítidamente su vínculo en “Un libro”,  en Andralis, compilado junto a Rubén Fontana, Ed. tipoGráfica, Buenos Aires, 2006.  pp. 285.

[3] Diseñador y tipógrafo, fundador de la materia tipografía en la carrera de Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires.