Sara Torossian

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17 de febrero de 1937, Buenos Aires, Argentina

Sara Elida Torossian

 

Sara es hija de un inmigrante armenio, expulsado por el horror del genocidio turco, y nieta de abuelos maternos franceses también llegados a Buenos Aires desde sus tierras por el hambre y la necesidad de trabajo. En la adolescencia estudia en la Escuela Industrial Fernando Fader. Debido a su capacidad, su entonces profesor el arquitecto Rodolfo Moller la recomienda a un colega para su primer trabajo. Muy jovencita, en 1955, con apenas 17 años y recién egresada, ingresa a trabajar en la naciente agencia de publicidad llamada Cícero, que luego sería una de las agencias mas renombradas de la historia de la publicidad argentina.

Desde sus inicios, Torossian se vincula con jóvenes arquitectos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires inspirados en ese momento por Tomás Maldonado. El director y propietario de Cícero Publicidad, el arquitecto Carlos A. Méndez Mosquera había fundado hacía unos meses la agencia e intervenía en el grupo “Harpa”, conformado por los arquitectos Leonardo Aizemberg, Eduardo Aubone, Jorge Enrique Hardoy y José A.Rey Pastor a quiénes recuerda por haber aprendido también de ellos. En Cícero trabajaba la arquitecta Lala Méndez Mosquera y Sonia Aubone, otra mujer que, al igual que Sara, fue una brillante diseñadora de esa época.

Unos años más tarde también trabajaron en Cicero Ronald Skakespear y el arquitecto Guillermo González Ruiz que luego se especializaría sólo en diseño gráfico y sería parte fundamental junto a C. A. Méndez Mosquera de la fundación de la Carrera de Diseño Gráfico en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires.

A lo largo de los trece años de labor en Cícero, Sara se desempeña en diferentes cargos, lo que constituyó una experiencia de mucho aprendizaje para todos los involucrados, en un espacio que se generó de manera conjunta en los años fundantes del diseño argentino. Las nuevas vertientes en lo relativo al mercado y su gestión incluían estratégicamente el concepto de identidad corporativa y una fuerte imagen publicitaria. Desde esta perspectiva, varias agencias de publicidad se desarrollaron y generaron un lugar de crecimiento profesional en el que muchos jóvenes iniciaron sus carreras.

Sara aún atesora los primeros dos libros de diseño que se compró en una librería de la galería Güemes: la primera  edición del libro The Graphic Artist and his Design Problems de Josef Müller-Brockmann y Graphic Design Manual de Armin Hofmann, ambos claros exponentes de la llamada Escuela Suiza, corriente de diseño con la que Sara siempre se sintió muy identificada, de ahí su apodo “la Zürich”. En una época de poca bibliografía específica sobre el tema, los pocos libros que llegaban eran leídos y releídos y servían como fuente de conocimiento e inspiración.

Sin embargo no era fácil en esa época (años 50 y 60 del siglo XX) “diseñar según las nuevas tendencias europeas” ya que no existían en las imprentas tipografías como la Helvética o similares y publicaciones al respecto. Es famoso entre los diseñadores argentinos la anécdota de Tomás Maldonado trayendo de Europa una valija colmada de tipos móviles de una tipografía moderna san serif. La parte tipográfica de los diseños se componían letra por letra a partir de planchuelas impresas. El diseño era un trabajo manual, que requería mucho de  las habilidades del diseñador. Sara siempre fue una ilustradora brillante, algo que puede notarse en todos sus trabajos, aún aquellos meramente tipográficos o fotográficos.

En 1963, Méndez Mosquera junto a su esposa Lala fundan la revista summa, de amplia influencia y difusión en el campo de la arquitectura y el diseño; Sara fue parte del proyecto desde el número 1, como asistente gráfica de la publicación, diseñadora de campañas publicitarias —incluyendo el trabajo de dirección y producción fotográfica, ilustración y seguimiento de impresión— “siempre fui una rata de imprenta”, dice Sara, orgullosa de su oficio. En el año 1966 deja su puesto para dedicarse a sus clientes free lance.

En octubre de 1964 se casa con el arquitecto Osvaldo Chirico, gran compañero de ruta, con el que continúa viviendo en un hermoso edificio —el más antiguo— del barrio de Belgrano.

Sara junto a Sonia Aubone, quién sería su gran amiga y socia durante muchos años, en un principio trabajaban todo el día en Cicero pero luego comenzaron a dedicar algunas horas a realizar proyectos particulares para clientes propios.

Sara comienza a sentir que su lugar no es reconocido: muchos de los libros diseñados para Ediciones Infinito —propiedad de C.A. Méndez Mosquera—, se imprimen sin su nombre en los créditos y se da cuenta que sus ingresos no estaban acorde a los años de experiencia, la competencia dentro de la agencia era fuerte y en el año 1967 decide renunciar. A la semana ya tenía un puesto como directora de arte de la agencia Louzan Publicidad, en la que arma su propio equipo de trabajo y se desempeña hasta 1970. A partir de ese año Sara decide iniciar su labor independiente junto a Sonia. Su tarea profesional la desarrollan en el propio estudio de la calle Lafinur, y se orientará hacia la identidad corporativa, el diseño editorial y la gráfica de envases y productos.

Es muy interesante escuchar a Sara cuando cuenta la dinámica de trabajo junto a su socia. Trabajaban en dos mesas enfrentadas, y muchas veces Sara empezaba un trabajo y Sonia llegaba más tarde y lo continuaba, o viceversa: “pensábamos y trabajábamos exactamente igual”. Luego Sonia, ya casada con el arquitecto y diseñador  Horacio Manifesto, comenzó a trabajar junto a su marido, en un estudio de diseño para el que Sara también trabajó en muchas campañas de forma independiente. Sara sigue su camino sola con muchos clientes y trabaja desde su casa, situación que le permite estar con su pequeño hijo, David Adrián, nacido en 1973, que hoy es diseñador gráfico por la Universidad de Buenos Aires.

A fines de 1976, Lala M. Mosquera vuelve a convocarla para trabajar en la revista summa donde asume el cargo de directora de diseño editorial hasta 1980; de forma paralela sigue con sus clientes en su estudio personal.

Cuando en 1985 se crea la carrera en la Universidad de Buenos Aires, Sara se integra como adjunta del C. A. Méndez Mosquera en  la cátedra de Historia del Diseño y con Ronald Shakespear en la materia diseño gráfico 1. Allí inicia su trayectoria como docente universitaria que luego continuará en la Universidad de Belgrano, como coordinadora y directora de la Carrera de Licenciatura en Diseño Gráfico, y titular de las materias Tipografía y Diseño Editorial, trabajo que desempeñará durante nueve años. Asimismo colabora, junto a otros colegas, en el afianzamiento de la Asociación de Diseñadores de Buenos Aires (ADG), formando parte de la Comisión Directiva y trabajando en las diversas actividades que se realizan para dar a conocer y difundir el diseño en Buenos Aires.

Su trabajo, que ha sido destacado en publicaciones argentinas e internacionales, es tan prolífico y de tanta calidad que resulta llamativo, cuando no negligente, la invisibilidad a la que la han reducido algunos de sus colegas, quienes se han ocupado de relatar los grandes sucesos del diseño argentino, adjudicándose méritos compartidos, como exclusivamente propios.

 

Griselda Flesler         

Buenos Aires, agosto 2014.


 

Agradecimiento. Quiero agradecer especialmente a la diseñadora gráfica e ilustradora argentina Marta Almeida quien siempre me insistió en que valía la pena conocer y biografiar a Sara y por supuesto a Sara Torossian, quien para la entrevista de Biográficas, me recibió amablemente en su estudio del barrio de Belgrano en la Ciudad de Buenos Aires y brindó su tiempo y su material de manera generosa y estimulante.