Diana Sierra

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Miami, el 9 de marzo de 1980

Diana Sierra

De una vida llena de sorpresas
Usualmente las historias de ascenso social están marcadas por un evento transformador en el que el protagonista capitaliza una oportunidad y se sobrepone al contexto socioeconómico en el que está inmerso. Este es el caso, al menos en principio, de la diseñadora colombiana Diana Sierra, oriunda del municipio de Santuario, en el departamento de Risaralda, y cuya llegada al campo del diseño fue el resultado de una serie de acontecimientos afortunados.

El primero de ellos, y sin duda el que definió la suerte de Diana Sierra, fue la beca completa que recibió por parte de la Universidad de los Andes al participar en una convocatoria nacional dirigida a estudiantes con alto rendimiento académico de poblaciones rurales. Sierra fue seleccionada de entre cientos de candidatos de todo el país, una oportunidad que la enfrentó a una de las decisiones más importantes de la vida: ¿qué carrera seguir?

Aunque desde su niñez quiso ser médica, la Universidad de los Andes no contaba con medicina entre sus programas académicos. Después de pensarlo y escuchar la opinión de familiares y amigos, las opciones más fuertes fueron diseño y arquitectura. Finalmente, en una conversación alguien dijo algo que la llevó a inclinarse por diseño ‘el diseño industrial, es la carrera de los inventores, Leonardo Da Vinci era diseñador industrial’.

Para 1997 no era común que una chica criada en un pueblo estudiara diseño en Bogotá. En el caso de Sierra sin embargo, las cosas se dieron de esta manera, y aunque recibió la simpatía y colaboración de muchos, empezó su carrera enfrentándose a la discriminación sistemática por las desventajas con las que llegó a la Universidad. Algunos profesores acusaban su gusto de ‘mañé’ –expresión despectiva utilizada en Bogotá para describir la rusticidad cultural o estética–, otros le pedían que considerara la opción de otra carrera.

Una vez concluyó su paso por la Universidad de los Andes en 2002, tuvo la oportunidad de trabajar con el diseñador colombiano Alberto Mantilla en su estudio en Nueva York, quien como su mentor le abrió la puerta a compañías como Smart Design, Frog, Energizer y Panasonic, sin embargo, aunque fueron grandes experiencias profesionales, la mercantilización del diseño, terminó por frustrarla profundamente, a tal punto que la llevó a plantearse la idea de complementar su carrera profesional con una maestría en Sustainability Management en la Universidad de Columbia en 2011.

“Cada vez que tomo un proyecto de diseño en mis manos, me pregunto cómo puede éste mejor la vida de alguien, es por eso que bien sea diseñando un biberón que sea seguro y fácil de lavar para alivianar la rutina de una madre que trabaja, o una estufa de carbón eficiente que disminuye la cantidad de carbon necesaria para cocinar y que controla las emisiones que causan enfermedades mortales a madres y niños, poder preguntarme por el impacto de mis proyectos en el usuario final es clave en mi trabajo”.

Llegado el momento de las pasantías, se le presentaron dos opciones: volver a terreno conocido trabajando con Coca–Cola, o arriesgarlo todo y marcharse a África. En este punto, la historia de ascenso social da un giro, y pone a la protagonista en perspectiva con su origen social. La decisión estuvo tomada desde antes de abrir los briefings, y así fue como Diana Sierra empezó una nueva vida del otro lado del océano Atlántico, colaborando en el diseño de proyectos cuyo impacto no fuera cuantificable solamente en términos monetarios. Allí nacieron los dos proyectos más importantes de su carrera: Be Girl y EcoZoom Jet; también SoilDoc un laboratorio móvil de evaluación de suelos que aún está en desarrollo.

Entre 2011 y 2012 surgió Be Girl, una respuesta de la diseñadora colombiana frente a la desescolarización femenina en Uganda, país caracterizado por la inequidad social y de género, donde aproximadamente el 90% de las niñas abandonan la educación secundaria en su pubertad. El trabajo de Sierra consistió en identificar las causas de la deserción escolar y en plantear un dispositivo que solucionara las necesidades higiénicas de las niñas sin comprometer una inversión de recursos mensual. La forma final del proyecto es la misma que tendría una toalla sanitaria común, sin embargo, los materiales que se utilizaron para su fabricación y una modificación en el diseño convencional, le permiten tener un reservorio que puede rellenarse con cualquier clase de fibra desechable y que no compromete ni la integridad del producto, ni la higiene de la usuaria.

“Ser mujer ha sido clave en mi trabajo, creo que no sólo me hace más empática con el usuario en cuestión, sino que me permite asumir una posición mucho más abierta y cómplice de las necesidades de la población para la que trabajo. Como mujer y diseñadora siento una gran responsabilidad en la meta de que cada mujer pueda alcanzar su máximo potencial, por eso procuro que mi trabajo les ofrezca productos que sean cómodos, seguros y simples que le den la autonomía necesaria para mejorar sus condiciones y calidad de vida independientemente de su situación social”.

A mediados de 2012, Sierra empezó a trabajar en EcoZoom Jet que aunque en apariencia podría no tratarse más que de una estufa para exteriores, visto en contexto, es un sistema que permite la cocción limpia de alimentos, en un entorno en el que rondan cifras como la muerte anual de 4 millones de personas por inhalación de humo y vapores provenientes de la combustión de leña y carbón. Esta razón llevó a la diseñadora a plantear un producto sustentado en la idea de democratizar el buen diseño. Su estufa, consiste en un cilindro recubierto de material refractario de alta duración coronado por una parrilla con seis puntos de apoyo diseñada para acoplarse con cualquier utensilio de cocina, y un sistema de evacuación de vapores y alimentación de combustible pensado en la seguridad final del usuario. En su primer año en Kenia, este producto vendió más de 4.000 unidades al mes, convirtiéndose no sólo en un éxito de mercado, sino en la posibilidad de muchas familias africanas para ahorrar dinero y mejorar su calidad de vida. Recientemente fue galardonado en Colombia con el Premio Lápiz de Acero en la categoría Diseño Industrial.

SoilDoc por su parte, es un kit portátil de diagnóstico y tratamiento de suelos, cuyo objetivo es mantener al granjero al tanto de las necesidades especiales de su terreno, no sólo para mejorar su producción de alimentos, sino para optimizar la utilización zonificada de fertilizantes. Este proyecto pretende convertirse en una solución para las comunidades agrícolas aisladas en África, que necesitan contacto constante con la metrópoli para la administración razonada de sus recursos.

 

Esteban Álvarez

Buenos Aires, 2014